Se sabe que generalmente los cortafuegos no consiguen detener un gran incendio debido al abandono que sufren. Un cortafuegos convencional no es más que una franja de terreno de combustible que rompe la continuidad horizontal de un incendio. Esto técnicamente se conoce como faja auxiliar y sobre el papel, lo único que debe verse en ella es el suelo mineral. Hecho que no deja de ser mera teoría. Además de las fajas auxiliares existen otras zonas de protección que se deben nombrar. Si dentro de una masa densa y muy inflamable se modifica la vegetación eliminando parte del combustible -clareando, quitando arbustos- al llegar allí el incendio se detendrá más fácilmente y se podrá hablar de un área cortafuegos. Una faja de anchura generalmente fija a ambos lados de una carretera o pista en la que se poda el arbolado y se roza el matorral es una faja auxiliar de pista. La línea de defensa se define como una faja estrecha o senda limpia de arbustos que puede usarse para el movimiento por el monte y que en caso de incendio puede limpiarse rápidamente con herramientas manuales para apoyar un contrafuego. En el mejor de los casos es, precisamente, en esto en lo que llegan a convertirse los cortafuegos convencionales cuando se descuidan y no se mantienen en óptimas condiciones, cosa que ocurre demasiado habitualmente.

En todas estas zonas la eliminación de material combustible es la que frena el fuego y se debería conocer que existen otras maneras de lograr este mismo objetivo.

 

Inflamabilidad

No todos los combustibles se comportan igual cuando se queman. La diferencia se mide con los cuatro parámetros que componen la inflamabilidad que se puede definir brevemente como la facilidad con que desprenden llamas los combustibles para una determinada temperatura. Los parámetros mencionados son:

Ignitabilidad: El tiempo hasta la ignición del combustible.

Sostenibilidad: La facilidad que tiene un combustible para seguir ardiendo.

Combustibilidad: La velocidad a la que se quema un combustible.

Consumibilidad: La cantidad o porcentaje de combustible que se quema.

Teniendo en cuenta estos factores hay estudios que determinan la inflamabilidad de las diferentes especies. (Cuadro 1)

 

 

CLASIFICACIÓN DE ESPECIES SEGÚN SU INFLAMABILIDAD

 

Especies muy inflamables todo el año

Erica arborea (Brezo blanco)

Eñca herbacea (Brezo)

Eucalyptus glabutus (hojarasca)

Genista falcata (Aulaga)

Genista hirsuta (Tojo)

Pinus hatepensis (hojarasca) (Pino carrasco).

Quercus ilex (Encina).

Rosmarinus officinalis (Romero).

Thymus granatensis (Tomillo)

Thymus vulgans

 

Especies muy inflamables en verano

Pínus pinaster (hojarasca) (Pino marítimo).

Pinus pinea (hojarasca) (Pino poñonero).

Pinus radiata (hojarasca) (Pino de Monterrey o insignis).

Quercus suber (Alcornoque).

Rubus idaeus (Zarza).

Thymus zigys (Tomillo).

Especies moderadamente inflamables

Arbutus unedo (Madroño).

Cistus albidus

Cístus salvifoííus

Enca muffiflora (Bruguera).

Genistella tridentata (Ollaga).

Juniperus oxicedrus (Ginebro).

Pinus sylvestris (hojarasca) (Pino silvestrre).

Quercus coccifera (Encina).

Quercus faginea (Quejigo).

Retama sphaerocarpa (Escoba).

 

Especies Poco inflamables

Buxus sempervirens (Boj).

Cytisus multitlorus

Daphne gnidium

Halímium commutatum

Olea europea

Pistacea lentiscus

Rhammnus alatemus

Rubia peregrina (Rubia silvestre).

Atriplex Tamarix (Orzaga).

Atriplex halimus

 

 

Barreras naturales

Hay lugares físicos más resistentes al fuego por sus características topográficas. El fondo de barrancos, hondonadas, sombríos y vaguadas son de por sí, más húmedos que otras zonas. Éstas son, precisamente, las más idóneas para que sobrevivan las especies menos combustibles ya que almacenan la humedad del terreno que es en definitiva la que va a frenar un posible incendio.

Los montes con repoblaciones bien planteadas o las masas naturales ordenadas forman un mosaico de especies creando diferenciales de inflamabilidad que desconciertan al fuego, y en consecuencia, lo frenan. Conocer estos enclaves puede ser de gran ayuda.

No sólo especies de zonas húmedas son resistentes al fuego. Existen algunas de géneros propios de zonas áridas con alto contenido en sales que arden mal. Es el caso de la Atriplex Alimus. En Navarra esta planta no es muy abundante, pero se da en algunos lugares como la Bardena y sería aconsejable introducirla en algunas zonas de alto riesgo. Esta labor, evidentemente, no compete al servicio de bomberos. Por otro lado, el Atriplex tiene la particularidad de recubrir físicamente el combustible aislándolo del oxígeno con las cenizas resultantes de la quema de las sales minerales que la componen. Bien es cierto que esta ‘virtud’ puede favorecer una combustión incandescente.

Todas las especies ante el rigor de los veranos mediterráneos arden. Hay lugares físicos resistentes al fuego pero no botánicos. Sí que hay plantas con menor velocidad de propagación y poder calorífico que se deberían conservar y favorecer en los lugares adecuados. Estas especies no detienen un incendio, pero consiguen variar su intensidad. (Cuadro 2)

 

CLASIFICACIÓN DE ESPECIES SEGÚN SU PODER CALORÍFICO

 

Especies con poder calorífico alto (> 5000 kcal/kg)

 

Arbutus unedo (Madroño)

Calluna vulgans (Brezo)

Enca arborea (Urce)

Erica muitiftora (Bruguera)

Pinus halepensis (Pino Carrasco)

Pinus pinaster (Pino Marítimo)

Rosmarinus Officinalis (Romero)

 

Especies con poder calorífico medio (4500-5000 kcal/kg)

 

Cistus ladanifer (Jara)

Juniperus communis (Enebro)

Quercus ilex (Encina)

Quercus petrea (Roble Albar)

Quercus pyrenaica (Roble Pirenaico)

Quercus suber (Alcornoque)

Pinus pinea (Pino Piñonero)

Pinus sylvestns (Pino Silvestre)

 

Especies con poder calorífico bajo < 4500 kcal/kg)

Anthyllis cytisoides (Albaida)

Atriplex halimus (Orzaga)

Pteridium aquilinurn (Helecho)

Rubia peregrina (Rubia Silvestre)

Rubus sp. (Zarza)

Populus sp. (Chopo)

Salix sp. (Sauce)

 

Masas condenadas

Como norma general, se debe saber que cuanto mayor sea la diversidad tanto de especies como de continuidades vertical y horizontal del combustible en una masa forestal, menor y más lento va a ser el avance de un incendio. Cualquier conífera, salvando contadas excepciones, es más inflamable que una frondosa debido a su composición química y, por tanto, es más difícil de apagar. Se ahorraría tiempo y esfuerzo además de ganar eficacia, no intentando parar lo imparable. Pero a veces lo más obvio no se tiene en cuenta. Resultaría un trabajo en balde intentar, en condiciones extremas, apagar un pinar denso relativamente joven y totalmente uniforme cuando a pocos metros se encuentra una masa con quejigos y otros robles con edades diferentes, espinos, bojes, espacios intermedios limpios e incluso helechos verdes. En este caso, sí que sería factible la extinción del incendio al llegar el fuego  a esta masa.

En un incendio, está claro, que hay zonas consideradas quemadas desde el momento mismo en que empiezan a arder. De la misma forma que se sabe que una ‘pajera’ se apaga cuando se quema toda la paja, se debe saber que algunas masas forestales en condiciones de humedad y temperatura extremas, ocurre lo mismo. El saber distinguirlas es primordial a la hora de extinguir un fuego.

Sin embargo, aunque no debe ser labor de un bombero determinar qué masas son apagables o no, se sabe que en el transcurso de un gran incendio es imposible tener siempre a mano un mando que asuma la responsabilidad  de cada una de nuestras actuaciones. Por ello, es positivo tener en cuenta las combustibilidades de las diferentes especies así como la posibilidad real de apagarlas.