Lo
cierto es que cuando me solicitaron mi colaboración para escribir este
artículo, me gustó realmente la idea y es que me parece básico el apoyo
psicológico que se da en ese primer momento de crisis cuando la persona/s
afectadas están vivenciando situaciones tanto de emergencias, como de desastres
o catástrofes.
Me
gustaría que este escrito recordara, facilitara, reafirmara el trabajo diario
del bombero en este tipo de eventos y que constituyera ese soporte de ayuda
básica en la labor de apoyo y trato constante con las personas afectadas.
Ante
un evento de crisis, el bombero se va a encontrar situaciones diversas y
diferentes como ataque de nervios, histeria, agitación, conducta agresiva,
situaciones de mutismo absoluto en las que la persona no reacciona a ningún
tipo de estímulo, etc.
Como
en todo este tipo de actuaciones no existen pautas universales de
comportamiento, lo adecuado en algunos casos puede ser contraproducente en
otros y viceversa.
No
obstante algunas consideraciones deben ser tenidas en cuenta para tratar de
ayudar a la persona afectada a superar esta situación repentina, tensa y
difícil.
¿Qué es lo que se debe hacer en un primer momento?
Ante todo hay que conservar la calma siendo fundamental el autocontrol, y es que teniendo el
control de nuestras propias emociones, sensaciones y pensamientos vamos a ser
una influencia positiva y un ejemplo para las personas afectadas dando a la vez
un aporte de serenidad, tranquilidad y aplomo.
El
accidentado debe percibir que se encuentra en manos de profesionales y que sus
problemas serán resueltos en la medida de lo posible.
En estas situaciones el trato con el afectado debe ser especialmente atento. Es necesario comprender la situación de la persona implicada o lo que podríamos denominar empatía, es decir, el ponerse en el lugar de la otra persona intentando pensar y sentir de la misma forma que el afectado siente y piensa. La presencia física, el contacto táctil, el escuchar al afectado sin juzgar y el utilizar frases tranquilizadoras como “ánimo confíe en mí, estoy aquí para ayudarle”, “estaré aquí hasta que se resuelva todo”, son maneras de potenciar esa empatía y ese clima de seguridad, esencial para establecer una relación adecuada con el afectado. |
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También la paciencia y el tacto son dos
aspectos que se deben cuidar especialmente en este sentido. Es necesario
comprender la situación de los implicados, ya que en ocasiones se van a tener
que disculpar reacciones que no son del todo adecuadas.
Una
actitud de escucha, acogida y apoyo es fundamental en el momento de contactar
con los afectados.
La
escucha debe ser activa y se caracteriza por escuchar
con todo nuestro cuerpo a través de dos vías: verbal o no verbal. A través del
canal verbal preguntando si no se entiende y recapitulando lo que nos dicen si
se entiende y el canal no verbal refiriéndose al contacto visual, tono de voz,
gestos, mirada, orientación corporal,...
La escucha activa va a darle la posibilidad al
afectado de que cuente lo que ha pasado, que construya un relato ordenando los
hechos en su memoria y cuando lo haya conseguido, le será más fácil dejar de
pensar en ello.
A
veces nos vamos a encontrar con el silencio,
el cual acompañado de silencio (Silencio Compartido) puede ser también una
ayuda importante en un momento dado de la intervención. No debemos tener miedo
al silencio, hay que darle tiempo al afectado para pensar y sentir.
Otra
vía que podemos utilizar es la comunicación,
trasmitimos información usando el canal verbal, el contenido de la
comunicación, el “qué decimos” y el mensaje afectivo, el canal no verbal el
“cómo lo decimos”.
En
cuanto al contenido de la comunicación es esencial el dar información veraz
para potenciar un clima de seguridad y contribuir a una reestructuración
cognitiva de la situación y el no culpabilizar para no potenciar ideas
negativas de uno mismo que suelen tener algunos afectados y va en contra de la
activación de sus propias estrategias de afrontamiento.
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En
relación a la comunicación no verbal es esencial utilizar el contacto visual,
un tono de voz afectuoso, sereno, claro, orientar el cuerpo hacia el afectado y
utilizar el contacto físico. Es importante comunicar de modo claro y sencillo a las víctimas las gestiones que se realizan para que tengan la seguridad de que se atienden sus necesidades. El sentimiento de que otras personas se dedican a solucionar sus problemas ayuda a sobrellevarlos.
Es
necesario adoptar una conducta asertiva
para tranquilizar, teniendo la capacidad para decir directamente lo que sucede,
al tiempo que se es respetuoso, sin utilizar nunca el engaño o la mentira. En definitiva, a través de la empatía y del desarrollo de la capacidad de comunicación y escucha activa, se pretende potenciar la ventilación emocional de sentimientos, reestructurando, percepciones e ideas con relación a las experiencias sobre la crisis, procurando un control cognitivo de la situación. |
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Es
importante que estas personas se encuentren en todo momento acompañadas.
También
es fundamental en estos casos que los familiares y personas allegadas a las
víctimas abandonen el lugar y no se encuentren físicamente presentes. La visión
de la escena normalmente intensifica los sentimientos y el sufrimiento es
mayor. Si llegan al lugar de los hechos familiares de las víctimas es
importante, en la medida de lo posible, tenerlas alejadas del lugar del
accidente.
En
estas situaciones vamos a trabajar también el manejo de las emociones en este sentido. Algunas sugerencias
serían:
-
Permitir la expresión de la
emoción.
Respetar silencios.
Permitir el llanto.
-
Dar mensajes congruentes, de
comprensión y ayuda.
-
No dar falsas esperanzas.
Son increíbles y pueden generar desconfianza.
-
Preguntar necesidades.
No presuponer nada de lo que el accidentado nos
pueda decir.
-
Sugerir distracción.
El pensamiento continuo sobre el dolor lo agudiza.
-
Mantener la mirada de
interés y comprensión.
Sentir la empatía a través de conductas no verbales
alivia.
-
Contacto físico y
proximidad.
La cercanía acoge y favorece la intimidad y la
confianza.
En
resumen, las habilidades básicas a
adoptar serían:
Ø
Actitud empática y
escucha activa.
Ø
Comunicación verbal
explicando acciones positivas, cuando se pueda, de la atención a la víctima
utilizando frases del tipo: “Estoy aquí
para ayudarte”, “¿puedo hacer algo por tí?”. Y huyendo de expresiones del
tipo: “Entiendo lo que está pasando”.
Ni utilizando mensajes culpabilizadores.
Ø
Comunicación no
verbal a través de la mirada directa, expresión facial y contacto físico.
Ø
Actitud asertiva
reflejada en la seguridad, respeto, delicadeza y toma de decisiones.
Recuerda que en un caso de emergencia, desastre o
catástrofe, se presentan síntomas que son normales en una situación “anormal” y
van a ir acompañados siempre de conductas inhabituales y descontroladas.