El interés por la conservación de la salud es probablemente tan antiguo como el hombre. Sin embargo, no fue hasta el siglo V antes de la era cristiana, cuando Hipócrates escribiera el primer tratado conocido sobre la conservación de la salud. En él, ya se dejaba constancia de la influencia en la salud de aspectos como la higiene, la alimentación, la bebida, el ritmo de trabajo y descanso, el ejercicio, la sexualidad, el control del carácter u otros.

Unos seis siglos después, Galeno, compatriota y heredero de las teorías de Hipócrates, escribió un libro en el que se volvían a analizar los condicionantes del vivir humano. Esta obra tuvo tal éxito, que su influencia se prolongaría hasta mediados del siglo diecisiete.

A España llegaron estos conocimientos tanto a través de la influencia romana como de la árabe, que a su vez los había recibido de la medicina bizantina.

Nuestros médicos, literatos y moralistas no fueron indiferentes a esas enseñanzas y aun

cuando solamente podían ponerlas en practica una minoría de la población, procuraron difundirlas.

Así, en el siglo dieciséis, en el libro del Buen Amor del arcipreste de Hita se puede leer esta cita : “El mucho comer, sin mesura y con glotonería, y también en exceso en el vino, matan más que el cuchillo”. También por esa época, Francisco Valles, maestre de Alcalá, escribía : “El régimen, la recta ordenación de los alimentos que se toman, es útil como recurso curador, y aun mejor antes de toda sospecha de enfermedad, para que nunca llegue”.

Tampoco podemos olvidar la conocida recomendación de Don Quijote a Sancho cuando le preparaba para el buen gobierno de la ínsula Barataria : “Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”.

Después, la medicina iría adentrándose paulatinamente en el  terreno experimental, para dotar de una base científica más sólida a las ideas surgidas de la observación y de la reflexión.

Fruto de esos trabajos y de la aplicación del método epidemiológico seria el llegar a establecer de manera sólida la relación entre una gran diversidad de factores y la conservación de la salud. Una generalización arriesgada los clasifica así por orden de importancia : tabaco, dieta, patrón de ejercicio, alcohol, enfermedades infecciosas, enfermedades mentales, agentes tóxicos, conducta sexual, accidentes de circulación, abuso de drogas, etc.

Hecho el principal trabajo, se esperaba una adhesión generalizada de la población y un beneficio importante, pero se comprobó con sorpresa que incluso en los Estados Unidos, país pionero en la prevención, la adhesión a conductas saludables se situaba en torno al 20 % para muchos factores y que hasta los profesionales abandonaban un campo que les proporcionaba menos satisfacciones que el tratamiento de las enfermedades.

Las razones para la escasa adhesión social son numerosas y crecen conforme se profundiza en el problema. Cito algunas : las características psíquicas individuales, la escala de valores de la familia y de la sociedad en la que se vive, las circunstancias vitales, la necesidad de crecer en un resultado a largo plazo en una sociedad que busca el beneficio inmediato y otras muchas.

Algunos ejemplos ayudaran a comprender mejor la confusión en que se debate la sociedad. Mientras se apela a la sobriedad, a los notables de algunas sociedades gastronómicas se les distingue con el título de Gran Maestre de la Orden de tal o cual alimento insuperable, caballeros de cuchara defensores de la esencia del buen vivir. Al “cuto” se le califica de divino. El tabaco impulsa las más arriesgadas hazañas deportivas. El culto a la sexualidad se promociona con las más bellas imágenes. La droga promete nuevas fronteras de libertad.

No obstante, es alentador el que los conocimientos en el campo de la prevención en nuestro país sean casi generales y que se crea en principio en su utilidad, pero lo objetivo es que en las estadísticas aun se cuentan por millones, las personas con exceso de peso, tensión arterial alta, colesterol elevado, diabetes, que fuman o que no hacen ejercicio.

Los sociólogos sostienen que el conocimiento es un factor importante para promover actitudes favorables a la conservación de la salud. Si a esto se asocian técnicas para potenciar la voluntad, controlar las tendencias y para alcanzar metas específicas en salud, se facilitaría el acceso a los estilos de vida saludables.

Para los casos en que sea necesario, la investigación médica ha puesto otros medios : medicamentos que disminuyen la absorción de grasas, substancias que frenan el apetito y aumentan a la vez el gasto de energía, moléculas que activan las enzimas orgánicas o alimentos modificados de los que se suprime la parte más perjudicial. Todavía son soluciones parciales no exentas de consecuencias no deseables.

Mientras llegan los tiempos en que todo sea más fácil, todavía tendremos que seguir haciendo caso a la vieja recomendación que nos pedía moderación en lo conveniente y abstención de lo perjudicial, si queremos conservar la salud. A cambio la OMS nos propone para pronto más de cien años de vida sin necesidad de recambios.