¿Quién no ha oído que en los países desarrollados, incluido el nuestro, las enfermedades cardiovasculares son la primera causa de enfermedad y mortalidad ?

 

En Navarra, un tercio de la mortalidad masculina y más del 40% femenina está producida por estas patologías.

 

Cuando se habla de enfermedades cardiovasculares, se hace referencia a una amplia variedad de enfermedades que afectan tanto al corazón como a los vasos sanguíneos, incluyendo entre otras:

          enfermedades del corazón como infarto agudo de miocardio y angina de pecho

          accidentes cerebrovasculares como derrames y embolias cerebrales

          enfermedad vascular de las extremidades inferiores

 

Estas afecciones cardiacas y vasculares están producidas principalmente por la presencia de arteriosclerosis que se puede definir como lesión de la pared interna de las arterias, (vasos que llevan la sangre al corazón), caracterizada por el acumulo de grasa y la proliferación de tejido fibroso. Provoca el engrosamiento y endurecimiento de la pared del vaso sanguíneo, y puede desembocar incluso en la obstrucción total de dicho vaso.

A partir de los 40 años, el riesgo de padecer estas enfermedades aumenta considerablemente (uno de cada dos varones y una de cada tres mujeres tendrá un proceso coronario), aunque se pueden presentar en cualquier edad. No obstante, el proceso de acumulo de grasa en el interior de las arterias que posteriormente puede ocasionar su obstrucción parcial o total se inicia mucho antes de cumplir esta edad.

Con la práctica de autopsias, se ha podido observar que en las poblaciones desarrolladas, más del 30% de los sujetos a los 20 años de edad tienen placas de arteriosclerosis en todas las arterias que irrigan el corazón.

 

 

 

Al aumento de estas enfermedades está contribuyendo al envejecimiento de la población y a la existencia de factores de riesgo asociados a conductas cada vez más frecuentes en nuestro entorno, consideradas de riesgo para la salud. Son hábitos, opciones, estilos de vida modificables, que influyen directamente en la salud individual y colectiva.

 

El objetivo de este artículo es concienciar del riesgo que ciertas conductas entrañan para la salud y el bienestar, entendiendo que los hábitos saludables implican calidad de vida. Salud no es sólo ausencia de enfermedad.

 

Objetivos:

-           Conocer y analizar los diferentes hábitos de vida, las conductas de riesgo y otros factores relacionados con la salud.

-           Valorar la salud como un concepto complejo, que depende sobre todo de los estilos de vida y de las condiciones ambientales.

-           Asociar la salud a una mejora de la calidad de vida, y no únicamente a la ausencia de enfermedad.

 

 

 

Recomendaciones para prevenir

las enfermedades cardiovasculares

Las recomendaciones consisten fundamentalmente en la adquisición y mantenimiento de hábitos de vida saludables dirigidos a la prevención de la arteriosclerosis.

 

Destacan, entre otras, las siguientes medidas:

 

1.         Evitar iniciarse en el hábito de fumar o abandonar el consumo de tabaco

Se define como fumador a toda persona que consume o ha consumido algún tipo de tabaco (cigarrillos, pipa, puros) por lo menos durante el último mes.

El hábito de fumar es uno de los principales factores de riesgo en las enfermedades cardiovasculares, produce un endurecimiento y pérdida de flexibilidad de los vasos sanguíneos, arterias y venas. El riesgo está relacionado con el número de cigarrillos/día, la inhalación de humo y la edad de inicio. Los cigarrillos bajos en nicotina no reducen el riesgo.

En general, el riesgo relacionado con el consumo de tabaco no inhalado (pipa, puro) es inferior al del consumo de cigarrillos, pero sigue siendo superior al de los no fumadores.

Los fumadores tienen un 70% más de probabilidad de padecer infartos y anginas de pecho que los no fumadores.

Se estima que el tabaco es el responsable del 30% de las muertes debidas a estas causas.

Un año después de abandonar el hábito tabáquico se reduce en un 50% el riesgo de padecer enfermedades del corazón.

 

2.         Mantener la tasa de colesterol dentro de los límites de normalidad

En el organismo existen diferentes tipos de sustancias grasas, destacando entre ellas el colesterol. Se considera normal cuando su concentración en sangre es inferior a 220 mg/100ml.

Además del colesterol total, existen 2 fracciones:

LDL Colesterol. Su elevación es perjudicial: favorece la acumulación de grasas en las arterias y la posible obstrucción parcial o total de éstas.

HDL Colesterol. Su elevación constituye un factor protector ya que evita el acumulo de colesterol en la pared arterial. A niveles más altos, menor riesgo.

Los niveles en sangre de colesterol tienen relación con la cantidad de grasas ingeridas en la dieta. Pero además existe una proporción de colesterol que se genera en el propio organismo. Depende de factores genéticos y no se puede controlar exclusivamente con la dieta.

Cuando la cantidad de colesterol en sangre es excesiva se habla de hipercolesterolemia, que puede aparecer incluso en personas jóvenes y favorece la formación de arteriosclerosis.

Es fundamental su control y prevención mediante la práctica de ejercicio físico y una dieta adecuada y equilibrada, evitando productos como manteca, mantequilla, yemas de huevo, vísceras, embutidos, carnes grasas, mariscos, crustáceos, leche entera y sus derivados. Su consumo aumenta los niveles de colesterol total y de colesterol LDL.

Si a pesar de las medidas anteriores no se consigue mantener el colesterol dentro de los límites normales, puede estar indicado el tratamiento farmacológico.

 

3.         Conocer los niveles de tensión arterial: evitar la hipertensión

La hipertensión arterial además de ser una enfermedad en sí misma, constituye un factor de riesgo para las patologías cardiovasculares. La sangre circula a mayor presión en el interior de las arterias, lo que favorece la lesión de sus paredes y el riesgo de que se depositen las grasas en estas zonas lesionadas, y las obstruyan.

Mantener las cifras de tensión arterial dentro de los límites normales es una medida de prevención básica para disminuir las posibilidades de desarrollar una enfermedad cardiovascular. El riesgo de padecerla aumenta conforme aumentan las cifras de tensión arterial.

 

4.         Evitar el sobrepeso

La cuantificación del sobrepeso puede realizarse mediante el índice de masa corporal (IMC), que se calcula de la siguiente forma:                    

IMC = peso / talla2

(Peso en Kilogramos y talla en metros)

Se considera sobrepeso un IMC        

superior a 25 para varones y

superior a 26 en mujeres.

 

El sobrepeso favorece el aumento de colesterol, y es factor de riesgo de la hipertensión y de la diabetes.

En los obesos, el corazón debe realizar un esfuerzo mayor para cubrir las necesidades metabólicas del individuo.

Está aconsejada la reducción del peso para evitar la sobrecarga del trabajo cardiaco mediante una dieta hipocalórica y la práctica de ejercicio físico.

 

5.         Evitar el sedentarismo

Se recomienda realizar ejercicio físico de acuerdo con las posibilidades de cada persona.

El ejercicio físico practicado de una forma moderada y con regularidad ejerce un papel protector: actúa aumentando el HDL (colesterol protector), disminuye la obesidad y mejora el control de la hipertensión arterial y de la diabetes.

A partir de los 40 años y/o si no hay entrenamiento previo, es conveniente que se realice bajo supervisión médica.

 

6.         Consumir una dieta saludable y equilibrada (dieta mediterránea)

Debe ser una dieta que aporte suficientes calorías para atender las necesidades energéticas del individuo pero que evite o corrija el sobrepeso y que aporte suficientes minerales y vitaminas.

 

Está demostrado que la población que consume dietas de alto contenido graso tiene una mortalidad cardiaca más alta.

En líneas generales se aconseja aumentar el consumo de pescados, aceites vegetales y fibra procedente de verduras y frutas; es conveniente reducir el consumo de alcohol y café, evitar los azúcares refinados y productos de pastelería así como la ingesta excesiva de sal.

 

7.         Conocer su nivel de glucosa, y buen control de la diabetes

La arteriosclerosis evoluciona de forma más rápida en los pacientes diabéticos. En ellos se duplica la proporción de enfermedades cardiovasculares.

Cuando se asocia con otros factores de riesgo como la hipertensión, la hipercolesterolemia y hábito tabáquico, aumenta la posibilidad de sufrir estas enfermedades al potenciarse, todavía más, sus efectos negativos.

 

8.         Conocer la historia familiar de enfermedades cardiovasculares

Los antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular están considerados como un importante factor de riesgo.

Es importante ser consciente de este tipo de antecedentes, ya que esto debe hacer intensificar las medidas preventivas personales.

9.         Prevenir y controlar el estrés

El estrés hace referencia a la respuesta del individuo frente a aquellas situaciones en las que se siente agredido o atacado física o psíquicamente. En estas situaciones se produce una liberación de adrenalina que provoca un aumento de la frecuencia cardiaca y de la tensión arterial con el riesgo que esto conlleva.

Como medida para liberar tensión acumulada está recomendado realizar ejercicio físico y la práctica de técnicas de relajación, tipo yoga o taichi.

 

El riesgo de padecer enfermedad cardiovascular en una persona que presenta varios de estos factores de riesgo (individuo de alto riesgo), es mayor que el riesgo individual que implica cada uno de ellos; al estar interrelacionados, se potencian sus efectos adversos.

Pero la mayoría de la población presenta factores de riesgo aislados (individuos de bajo riesgo) y, sin embargo, es en este grupo donde se produce la mortalidad más elevada.

Este escrito pretende que cada persona conozca los diferentes aspectos que pueden favorecer la aparición de estas enfermedades, valorando la influencia negativa de cada uno de ellos.

 

Que los hábitos de vida se escojan con libertad y responsabilidad en función de los criterios y valores de cada uno, sopesando todos los elementos que influyen tanto a nivel personal como social y ambiental.

 

Que cada uno escoja la manera de vivir más saludable posible.