Se puede definir la salud, como un estado de ánimo en el que la persona ejerce normalmente sus funciones.

 

Una buena salud es necesaria para desempeñar eficazmente y sin sufrimiento cualquier actividad laboral. Cuando se trata de realizar el trabajo de bombero, la necesidad de poseer una buena salud es aún mayor, debido a las elevadas demandas físicas y psíquicas que caracterizan a esta profesión.

 

La dureza del trabajo de bombero es consecuencia de la naturaleza de la actividad y de los medios empleados. A  ello se une la carga debida ala utilización de ropa protectora y del equipo respiratorio, que aumenta en una tercera parte el gasto de energía. El calor y la tensión emocional completan la sobrecarga orgánica.

 

En la respuesta a tan importantes demandas participa el organismo en su conjunto, pero son el sistema cardiocirculatorio y el muscular los que tienen el mayor protagonismo. El sistema respiratorio, el nervioso y aun el endocrino juegan también un importante papel en el proceso.

 

Las necesidades funcionales, en los primeros minutos de la extinción de un fuego, se cifran en un consumo de oxígeno en tomo a 40 ml/kg/min., con una frecuencia cardiaca de alrededor de 180 latidos/minuto y una movilización respiratoria de unos 130 litros de aire por minuto. Este elevado nivel funcional asegura que se pueda liberar la energía necesaria, para la rea1ización de las diferentes tareas.

 

El estado de salud y la forma física deben ser tan buenas, para que ni siquiera en las peores circunstancias se perturben las funciones psicológicas, de las que dependen aspectos tan importantes como la evaluación permanente de la situación, la precisión en la toma de decisiones o la seguridad personal y del grupo.

 

Una buena salud es un bien que se hereda. Se conserva en la infancia y en la juventud mediante los cuidados apropiados: vacunaciones, alimentación correcta, ejercicio físico, rechazo de los hábitos nocivos y fácil acceso a cuidados médicos de calidad.

 

En la edad adulta, se pierde la salud, generalmente, a consecuencia de las enfermedades. De éstas, las más frecuentes, en Navarra, son los procesos cardiovasculares, responsables del 40 % de las muertes que ocurren anualmente. Los padecimientos osteoarticulares, el cáncer y las enfermedades respiratorias le siguen en frecuencia.

 

Los factores causales más importantes que intervienen en la aparición de estas enfermedades son: el tabaco, la hipertensión arterial, la alimentación excesiva o perjudicial, el colesterol elevado, el consumo de bebida alcohólica y el azúcar en sangre alto. El sobrepeso se encuentra casi siempre presente y suele actuar como agravante.

 

A estas causas comunes de pérdida de la salud se unen en el caso de los bomberos, los accidentes y las enfermedades asociadas a la profesión. Los accidentes son muy frecuentes y pueden llegar a afectar a la mitad de la plantilla cada año. De ellos, alrededor de un seis por ciento pueden ser de carácter grave.

 

Las enfermedades profesionales están relacionadas especialmente con la inhalación de humos y gases y necesitan para su desencadenamiento de una exposición suficiente en intensidad y tiempo, más de veinte años. Con la utilización del equipo de respiración ha disminuido mucho el riesgo, pero en algunos estudios, aún se encuentra una mayor incidencia, en bomberos, de cáncer de vías urinarias y de envejecimiento precoz del cerebro, posiblemente debidos a la inhalación de hidrocarburos policíclicos, presentes en humos y cenizas.

 

Finalmente, una buena salud es también un factor esencial para tener una vida satisfactoria y una supervivencia prolongada.