La
duda
Es muy difícil realizar un análisis objetivo sobre un tema tan polémico como es el de los alimentos transgénicos (AT). No hay todavía demasiados datos fiables como para dar la razón de forma tajante a los detractores o a los defensores de este tipo de productos. En este artículo se ha intentado recoger las diferentes posturas sobre el tema de una forma más o menos objetiva. A partir de ahí, cada uno puede sacar sus propias conclusiones a la espera de futuros estudios más esclarecedores.
Definición
Los AT llevan entre
nosotros varios años. Los primeros avances datan de la década de los 50. El
primer producto que se comercializó fue la insulina humana en 1982. Los
primeros cultivos autorizados para su comercialización datan ya de principios
de la década de los 90. A pesar de ello ha sido en estos últimos años cuando ha
salido a la calle todo el entramado que se deriva de este tipo de alimentos.
Llevamos cierto tiempo consumiendo AT, aunque todavía no ha habido una campaña
seria de información al consumidor.
Pero antes de nada convendría saber de lo que estamos hablando. Sin
necesidad de entrar en grandes tecnicismos podríamos definirlos del siguiente
modo:
| Alimentos transgénicos: "dicese de aquel alimento
en cuya producción se han utilizado técnicas de ingeniería genética.
Normalmente encaminadas a lograr una mejora en una o varias cualidades del
producto". Posiblemente esta definición no sea demasiado esclarecedora. En
realidad has de saber que el intento de mejorar las cualidades de un alimento no
es nuevo. La historia nos dice que el hombre siempre ha pretendido mejorar su
producción aprovechando la variación genética natural. Esto lo ha conseguido
por técnicas de cruce y selección. Así se empezó a seleccionar y cruzar
especies para conseguir ejemplares más resistentes, más grandes, más sabrosos,
de crecimiento más rápido,... |
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Aunque pueda parecer mentira, poco o nada tiene que ver una vaca de
hoy en día con otra del siglo XV. Incluso las vacas de nuestros abuelos son
diferentes a las actuales. Los procesos de selección han conseguido obtener una
especie de vacas que producen grandes cantidades de leche. Podríamos poner otro
ejemplo muy significativo. Allá por el siglo XVI las patatas comenzaron a
aparecer por los campos europeos traídas por los conquistadores españoles. Por
aquel entonces las patatas eran completamente diferentes a las actuales. Su
sabor no le hacía apetecible. Siglos después se comenzó a ver en la patata la
gran solución al hambre. Esto desencadenó un proceso de selección que ha llevado
a la patata a ser un alimento completamente distinto. Hoy
consumido en todo el mundo.
Pero estos procesos de selección y cruce de especies se hacían por
métodos naturales. Hasta finales de este siglo no se conocía la tecnología
suficiente como para modificar genéticamente células vivas. Lo único que se hacía era seleccionar los individuos más interesantes y
cruzarlos para alcanzar las características que se quería potenciar. Para que
lo entiendas, un ejemplo: seleccionamos las vacas más lecheras para
reproducirse por- que tienen más posibilidades de que su descendencia posea
esta cualidad. Este proceso repetido durante muchas generaciones deriva en una
mejora de la especie: las vacas dan más leche.
Antes de seguir es imprescindible
que conozcas ciertas nociones de biología. Todas las especies que poblamos la
tierra poseemos en nuestras células una información genética en la que están
escritas todas nuestras
características como especie y como individuo. A nivel práctico esto supone que
en la información genética figura si debemos ser altos o bajos, rubios o
morenos, con cinco dedos en cada mano, con dos riñones y situados en un lugar
concreto del abdomen,... Por otra parte también encontramos la capacidad
intelectual potencial, posibles enfermedades o disfunciones, propensión o no a
la obesidad, hipertensión, calvicie o incluso varices. En otras palabras, en la
información gen ética está definido de alguna manera el ser vivo al que
pertenecen. A ello se debe sumar luego la influencia que en cada uno ejerce el
ambiente. La influencia del ambiente es tan importante como la información gen
ética. Así, una persona que podría haber llegado a medir dos metros no lo
conseguirá si su alimentación es deficiente. Un posible científico excepcional
no desarrollar su potencial si pasa todo el día cuidando ovejas en el monte.
Si fuésemos capaces de cambiar la
información genética podríamos modificar las características de los seres
vivos. Esto es lo que se produce en los AT. Cortamos un gen de un ser vivo y se
lo añadimos a otro. No es ni siquiera necesario hacerlo entre especies del
mismo reino. Así podemos cortar y pegar a nuestro antojo genes de animales a
vegetales o a microorganismos. Los límites son cada vez menores.
Utilidades
Modificando la información genética
conseguimos grandes avances en la producción de alimentos. Entre ellos:
·
Logramos productos más grandes, más sabrosos, más
apetecibles, más hermosos y más lo que tú quieras.
·
Se consiguen ejemplares más resistentes: a las plagas, a
la sequía, a los pesticidas, a las bajas temperaturas...
De esto se deriva:
·
Sube la producción.
·
Se reducen los riesgos
·
Bajan los costes.
Te pondré un ejemplo: Las fresas
modificadas con un gen de la especie Plátija ártica (un
pescado del ártico) resisten mejor las bajas temperaturas y en caso de heladas
las pérdidas son mucho menores.
Tenemos vegetales que
resisten las plagas de virus hongos e insectos. También podemos conseguir que
maduren fuera de época y que resistan más tiempo sin degradarse. Los cerdos
modificados por estas técnicas poseen mayor masa muscular. Los pollos son
inmunes a ciertas enfermedades. Las posibilidades son tantas como las que
quiera tu imaginación. Podemos conseguir espárragos con sabor a chocolate,
sandias gigantes, manzanas a negras,... El abanico es ilimitado.
Cuáles son
La lista de AT que actualmente se producen es más larga de lo que puedes suponer aumenta a velocidad vertiginosa. Aquí tienes algunos ejemplos: patatas, judías, soja, zanahoria, berenjena, col, espárragos, lechuga, guisantes, coliflor, tomate, maíz, trigo, centeno, cebada, arroz, manzana, uva, fresa, (papaya, flores,... e incluso pollos, conejos, ovejas, vacas (con su leche), cerdos,... Pero el asunto no acaba aquí. Aparte de los productos, digamos, íntegramente transgénicos hay otros muchos que son derivados de éstos y forman parte de los ingredientes de otros alimentos. Así, un producto derivado de la soja como es la leticina se usa en infinidad de productos de panadería, pastelería y bollería. Por lo tanto una galleta tiene muchas posibilidades de estar en la lista de los AT. En el maíz encontramos otro caso similar. Del maíz se obtienen que encontramos en refrescos, he- lados, pasteles, salsas, mermeladas, etc. Existen microorganismos modificados genética- mente para conseguir productos como pan, vino, cerveza, o aditivos. Por otra parte, los AT no se producen en lugares lejanos. España, sin ir más lejos, se sitúa entre los paraísos de los cultivos transgénicos.
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A la hora de conocer si nuestra
cesta de la compra contiene este tipo de productos la cosa se complica. Es
prácticamente imposible diferenciarlos. No hay ninguna obligación de incluir en
el etiquetado nada que los diferencie. Sólo los productos que llevan en el
etiquetado "de cultivo biológico" se salvan de esta duda. Los productos con esta indicación son los
únicos que con certeza no han sido alterados genéticamente. |
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Efectos en
los humanos
El punto más delicado de los AT: su
peligrosidad. Para ser sinceros te diré que hay mucha especulación y muy pocos
datos fiables. Los estudios realizados por los productores nos aseguran que son
productos tan seguros como los no transgénicos.
Además afirman que los permisos de comercialización son muy difíciles de
obtener. Se consiguen después de superar unas pruebas muy exigentes. Afirman
que los niveles de seguridad son muy altos. Según opiniones de los grupos
contrarios a los AT, el corto período de tiempo que ha transcurrido desde el
nacimiento de estos productos hace imposible sacar conclusiones fiables al
respecto. Proponen una paralización de la producción durante un tiempo
suficiente para asegurar su inocuidad. Este periodo se calcula entre 5- 7 años.
Pero resulta que el gran negocio es demasiado jugoso y difícil de parar. Las
grandes compañías no están dispuestas a dejar el pastel que tienen entre manos.
Afirman que aunque no se puedan dar todavía datos fiables, si se tienen
indicios de los posibles efectos. Entre ellos: |
|
·
Alergias, cada vez existen más variedad y cantidad.
·
Trastornos digestivos. Problemas de intolerancia,
molestias,...
·
Muchos AT están modificados para conseguir mayor
resistencia a los ataques de ciertas bacterias y virus. Cuando consumimos estos
productos se consigue que los antibióticos cumplan cada vez peor su cometido
por lo que necesitamos tomar cada vez antibióticos más potentes para lograr el
mismo efecto.
Por otra parte según las grandes compañías, los AT suponen la derrota del hambre en el mundo gracias a unas cosechas cada vez
mayores y mejores. Los detractores sin embargo, señalan que actualmente
se podría generar la suficiente cantidad de alimentos para alimentar al triple
de la población mundial sin recurrir a estos métodos. El único problema es el
reparto. Denuncian además, que las multinacionales poseen grandes producciones
en lugares tan necesitados como Asia. A pesar de ello no se utilizan para
paliar la necesidad en estos lugares sino que se exportan a lugares tan: poco
necesitados como EE.UU. o Europa. Por estas razones
el supuesto combate contra el hambre es sólo demagogia barata.
El medio ambiente
Según los detractores de este tipo
de alimentos, se esta moviendo un mercado sin ningún tipo de permiso y
amparándose en un vacío legal. El asunto empezó en zonas muy puntuales y con
productos seleccionados. El ovillo ha ido creciendo hasta el punto de
convertirse en un monstruo imparable que genera grandes beneficios. Pero el
asunto no acaba aquí. Los gigantes comerciales tienen la patente de muchas
semillas modificadas genéticamente. Estas semillas son vendidas a cada vez más
agricultores americanos. A pesar de ello todavía hay agricultores que continúan
utilizando semillas no modificadas. Ocurre que los campos sembrados con una y
otra semilla no están en planetas distintos. Conviven en un mismo espacio. Si
ha esto añadimos que los insectos no diferencian las plantas modificadas de las
no modificadas y que estos insectos son capaces de recorrer hasta varios
kilómetros obtenemos una conclusión desastrosa. Los cultivos se cruzan y
aquellos que en principio no eran transgénicos llegan
a serlo. Dicho de otra forma se está alterando preocupantemente el medio
ambiente y las consecuencias son imprevisibles.
Por otro lado las grandes multinacionales poseen
sofisticados equipos de detectives. Estos detectives descubren que agricultores
que no les compran semillas en realidad si las utilizan. Los agricultores son
denunciados y obligados a pagar.
Nadie sabe a ciencia cierta dónde acabará todo esto. Lo indudable es que es una maquinaria imparable. Sólo el tiempo dará o quitará razones a unos o a otros. Mientras tanto somos los protagonistas de un juego en el que las cartas las manejan otras personas. Lo más gracioso es que este juego afecta a todo el mundo ya que todos somos consumidores.