Los bomberos a través de los tiempos

 

 

Alguna vez nos hemos planteado la cuestión ¿de dónde venimos?, ¿Cuáles son nuestros orígenes?, ¿Quiénes fueron los primeros bomberos?, ¿Cómo se les denominaba?, ¿Qué medios utilizaban para la extinción de incendios?...

 

Para intentar conocer las respuestas, tenemos que retroceder en el tiempo unos cuantos siglos atrás, al origen del ser humano, al hombre primitivo.

 

Pero no podemos disociar nuestro origen con el fuego, elemento simbólico y uno de los cuatro elementos de las cosmogonías tradicionales (fuego, tierra, aire y agua). El proceso de humanización se liga generalmente a la conquista y al uso del fuego. Ya en las sociedades arcaicas se llegó a conocer su uso aplicado a la metalurgia. El salto definitivo de la historia humana reciente, las varias revoluciones industriales, está grandemente relacionada con las potencias del fuego. Incluso nuestra revista lleva por título SUA (fuego). Nuestra historia está ligada a su combustión y manifestación en llama.

 

Entre los pueblos antiguos, los griegos tenían centinelas nocturnos para vigilancia pero el primer Cuerpo de Bomberos que se conoce fue organizado en la ciudad de Roma. Grandes fuegos arrasaban la ciudad. En el año VI después de Cristo, el Emperador Augusto incorporó el grupo de vigiles (vigilantes) que protegerían Roma generación tras generación durante 500 años. La ciudad estaba dividida en distritos y era protegida por aproximadamente 7000 vigiles. Por lo que se conoce existía una cadena de mando en el sistema de oficiales. Estaban correctamente vestidos con su uniforme y equipados con baldes y hachas. También servían para patrullar las calles como vigilantes por si producía un incendio en cualquier parte de la ciudad.

 

   

 

En 1189 el primer Barón Alcalde de Londres prohibió los techos de paja y obligó a los ciudadanos a proveerse de escaleras, baldes de agua, arpones y ganchos.

 

En el siglo XVI se utilizaron jeringas y servían para echar chorros de agua hacia las estructuras en el fuego. Fue en este siglo que nuevamente se descubrió los caminos de extinción de incendios. Parece que también en este siglo o posiblemente en el anterior se inventaron los primeros extintores que tenían forma de grandes botellas con un cuello largo.

 

En 1647 el nuevo gobernador Holandés de New Amsterdan (en la actualidad Nueva York), nombró un cuerpo de personas como los maestros del fuego, formando la primera organización contra fuegos en América. Patrullaban las calles desde el amanecer hasta el anochecer.

 

En Inglaterra las compañías de seguros contra incendios crearon sus propios equipos de bomberos. Los edificios que ellos aseguraban fueron provistos de una placa y las brigadas que acudieran a la llamada combatían o protegían del fuego al edificio que llevara la marca de sus compañías. Así, los británicos tuvieron sus primeras brigadas contra incendios organizadas.

 

El fuego de Londres y la competencia entre las brigadas contra incendios de las compañías aseguradoras aceleraron el desarrollo de las máquinas contra incendios. Las brigadas municipales contra incendios en Ámsterdam tenían 60 máquinas contra incendios.

 

El capitán de estas brigadas inventó una nueva máquina y una manguera hecha de cuero cosido para formar un tubo. Dejó escrito un libro con todo tipo de ilustraciones sobre sus inventos.

 

En 1721, Richard Newsham desarrolló una máquina que consistía en una caja rectangular montada en ruedas, en la cual la brigada de las cubetas echaba el agua mientras los hombres encargados del sistema de bombeo suplían la fuerza para producir la presión del agua. Newsham fue el primero en colocar guías largas de madera conocidas como "frenos" a lo largo de los lados de la máquina. Los bomberos colocados a ambos lados de la máquina movían los frenos de arriba hacia abajo con un movimiento de vaivén el cual movía una viga de metal que operaba la bomba de pistón. También afirmaba que esta máquina podía lanzar un chorro de agua hasta 165 pies de altura. Esta máquina fue el primer sistema manual de bombeo y se le fueron haciendo mejoras a lo largo del tiempo.

 

En 1830 aparecen organizados en Europa los primeros zapadores bomberos. Finalizando el siglo XIX se introducen las primeras bombas a vapor. Después de la primera década del siglo XX, la tracción animal da paso a la tracción mecánica (autobombas).

 

Han pasado muchos años y todos aquellos inventos, que en su época fueron grandes descubrimientos para la extinción de incendios, han sido superados y mejorados, llegando a los materiales que en la actualidad utilizamos. Muchas de aquellas piezas, aparatos como bombas manuales, carros bomba, carros manuales con porta‑mangueras, bombas aspirantes, escaleras portátiles extensible de tres tramos... se conservan en los museos de bomberos de todo el mundo como parte de nuestra historia que pudo ser así o no, porque no hay que dejar de lado que la historia es un relato y este ha sido el relato de nuestro origen con un fin muy claro: un servicio público a disposición de los ciudadanos.