Pamplona, año de 1928. Por aquel entonces la empresa denominada “ Fundiciones Arrieta “ acababa de adquirir una motobomba. Según la gente de aquellos tiempos un “artefacto escandaloso “por el ruido que metía, y según otros  “cuatro pistones y un cigüeñal “ , pero muy efectivos , ya que hasta  la llegada  de este invento las bombas habían sido manuales, y la manera de extraer e impulsar el agua era con la fuerza de unos buenos brazos.......

Según las palabras de nuestro entrevistado, D. Ignacio Arrieta, el padre de éste trabajaba aquellos años en la empresa familiar citada anteriormente y fue requerido para trabajar en el Servicio de Extinción de Incendios por sus conocimientos sobre el uso y aplicaciones de dicha motobomba. Este fue el comienzo de un oficio familiar que hoy en día continúa.

En aquellos años el servicio de bomberos estaba al cargo de la Sociedad de Seguros Mutuos Contra Incendios de Edificios de Pamplona, que disponía de una plantilla de bomberos con sus instalaciones y su correspondiente material. Cuando nuestro entrevistado, D. Ignacio Arrieta  empezó a trabajar en el servicio de bomberos en la década de los 40, lo hizo para dicha Mutua, pasando posteriormente a convertirse en el primer bombero funcionario de Pamplona ( y de toda Navarra ), junto con otros compañeros suyos. Esto ocurría en los años 50. Mucho ha llovido desde entonces  y con él, estuvimos hablando de todos estos acontecimientos en una interesante entrevista que os ofrecemos a continuación:

 

-¿Cuando comenzaste a trabajar en la Mutua?

Fue en mayo de 1949 y continué allí hasta 1957, cuando el ayuntamiento de Pamplona comenzó con el servicio público de bomberos. Fueron nueve años de los cuales los dos y medio últimos, concretamente dos años y cuatro meses, formé parte de la guardia de noche; entonces el parque se encontraba en la calle Eslava.

 

Bomberos en el antiguo parque de la C/ Eslava

-¿Como funcionaban las guardias?

Bueno, por un lado se encontraban los de la guardia fija de día, que eran dos chóferes: Genaro Orillo y Jesús López, y ocho bomberos: Lorenzo Rayo, Manuel Ayerra, Leandro Oscariz, Jesús Goñi, Demetrio García, Manuel y Pedro Clemente y Juan Usunariz. Estos estaban contratados por la Mutua y como he dicho realizaban la guardia de día que era desde las seis de la mañana hasta las diez de la noche. Por otro lado estaba la guardia de noche que estaba formada por los dos chóferes de día, los tres últimos bomberos que he mencionado antes y también por Miguel Huarte (que era el jefe), Fidel Otxoa (chófer) y por mí,  en los últimos años. Nosotros vivíamos en el mismo parque en la calle Eslava y a cambio del servicio nos concedían la vivienda de forma gratuita.

Por supuesto también estaban una cantidad de voluntarios a los que se les llamaba a casa o al trabajo cuando hacia falta.

 

-¿Qué requisitos pedían para ingresar de bombero en la Mutua?

Lo único que pedían era rellenar una instancia y tener un oficio relacionado con la construcción. Yo concretamente era carpintero y trabajaba en una ebanistería. La gente trabajaba en empresas particulares y cuando llamaban había que ir al fuego. El que avisaba era un muchacho, hijo de un bombero, que iba en bicicleta llamando por los talleres y las viviendas. Por aquel entonces no había timbre en los portales, solamente lo tenían los bomberos, así que este muchacho se ayudaba de una tabla para pulsar todos los timbres a la vez. Entonces acudíamos corriendo al parque y salíamos al lugar del siniestro.

 

- Y de equipamiento ¿como estabais?

En cuanto a la ropa andábamos bastante escasos, no teníamos “ni impermeables ni gaitas”. La única ropa que teníamos decente era con la que íbamos al teatro o al cine a realizar servicios. Era un traje azul, pantalón con raya roja y casco con cresta dorada. Se iba a las noches cuando tocaba y pagaban algo a la hora, creo recordar que unas tres pesetas.

A los fuegos llevábamos el “Dodge Carnero” con la motobomba; también disponíamos de una escala de tramos con ruedas muy buena, era de madera, incluidas las ruedas, y tenía que ser transportada a mano. Con ella llegábamos a todos los pisos de Pamplona ya que los edificios eran de cinco plantas como mucho.

 

- Suponemos que todavía no tendríais equipos autónomos.

No, éstos llegaron bastante más tarde, así que teníamos que suplir estas carencias con ingenio. Por ejemplo, una vez  hubo un escape de gas de las cámaras de refrigeración de la fábrica de caramelos Unzué, (que entonces se encontraba donde hoy está el hotel Eslava). Se produjo una especie de humo que no dejaba ver y por supuesto que no se podía respirar; creo que el escape era de amoníaco. La cuestión era  que había que entrar a cerrar la llave y no teniendo otra cosa, cogí una bolsa de plástico y una cuerda, me explicaron por dónde tenía que ir y poniéndome la bolsa en la cabeza ajustándola en el cuello entré. Cuando noté que tenía dificultades para respirar até el cabo de la cuerda a la pata de una mesa y salí, al segundo intento logré llegar a la llave y cerrarla. No tuve problemas de respiración, pero luego me picaba todo el cuerpo.

 

 

Bomberos realizando prácticas en Tafalla

 

- ¿Quién suministraba el equipamiento?

Si hacía falta calzado, por ejemplo, la Sociedad pedía dinero al Ayuntamiento de Pamplona y si éste lo concedía se compraban las botas.

El Ayuntamiento pagaba un tanto a la Sociedad para los gastos generales y de esta forma se aseguraba que Pamplona estuviera atendida por un cuerpo de bomberos.

 

- Entonces ¿no acudíais solamente a las casas aseguradas por la Mutua?

No, acudíamos a cualquier fuego de vivienda, supongo que cada edificio tendría su aseguradora; luego se arreglaban con la Mutua.

Tampoco estábamos ceñidos a Pamplona, acudíamos a todos los fuegos de edificios en Navarra. No así a los de montes que no eran de nuestra competencia, ni tampoco realizábamos rescates ya que carecíamos de elementos para ello.

Llegamos a ir a un fuego en la papelera de Sangüesa, o a otro en Arbizu, en el que se incendiaron doce casas a causa de un rayo. Todavía no existían los bomberos de la Diputación.

 

-¿Solíais tener problemas con el abastecimiento de agua?

Teníamos que sacar el agua de donde fuera, con ayuda de la motobomba ya fuera de ríos o de fuentes. En Pamplona había bocas de riego, pero existía un problema y era que hasta la construcción del pantano de Eugui cortaban el agua por las noches, con lo cual alguna vez ocurrió que teníamos las instalaciones preparadas antes de tener el agua.

 

-¿Como fue el paso al Ayuntamiento?

El Ayuntamiento decidió crear un servicio público de bomberos y en octubre de 1957 nos nombraron a otro y a mi para recibir el material y comprobar si estaba en condiciones.

El parque de Pamplona comenzó a funcionar el 2 de enero de 1958. Se encontraba en el mismo lugar que ahora, junto a la plaza de toros.

A partir de entonces ya éramos funcionarios públicos y trabajábamos a cambio de un sueldo. Por cierto, a mi mujer no le hizo gracia cuando llegó el primero ya que era menor que el que cobraba en el taller, pero eso ya se arregló. También pusieron en renta los pisos en los que vivíamos en la calle Eslava.

 

-¿Cuantos bomberos entrasteis?

Fuimos unos 35 los funcionarios: entre ellos se encontraban Ayesa, Castell, Galbete, Urio...

 

-¿Y que pasó con los bomberos de la Mutua?

Al contrario de lo que pudiera parecer no nos contaba nada el haber trabajado de bomberos y tuvimos que realizar las pruebas como todos. El Ayuntamiento incorporó a su servicio a los que componían la guardia fija, es decir a los contratados  por la Mutua, a los menores de 50 años como bomberos y a los demás en diferentes servicios.

Tampoco querían reconocernos la antigüedad, pero tras una larga pugna lo hicieron.

Ignacio Arrieta (primero a la izda) con sus compañeros del Parque de Aralar

 

-¿Como se realizaban las guardias?

Trabajábamos en turnos de 8 horas, el parque estaba abierto las 24 horas y contaba con el mismo número de personas durante todo el día.

 

-¿Que nos puedes comentar del material que utilizabais?

Fue mejorando poco a poco. Llegaron las primeras autobombas y motobombas Magirus, también la escala, que por cierto, se estrenó en el fuego que hubo en el teatro Gayarre en los 60. Allí fue la primera vez que utilizamos la espuma; gracias a ella se pudo salvar bastante de la ropa del grupo que actuaba por esas fechas. Incluso disponíamos ya de equipos de respiración autónomos.

 

-¿Y las comunicaciones entre vosotros en los siniestros?

 A falta de radios utilizábamos silbatos y un  código para pedir agua, más presión....

 

-¿Seguíais actuando por toda Navarra?

Por supuesto, hasta el año 1967, más o menos, en que comenzaron a funcionar los bomberos de la Diputación.

 

-¿Que tal os consideraba la gente?

Los que nos conocían, bien. Recuerdo una señora que tuvo un incendio en casa a causa de la chimenea de fuego bajo. Al terminar se disculpó y nos confesó que siempre nos había criticado cuando marchábamos a toda prisa con las sirenas metiendo ruido. De ahora en adelante, nos dijo: " toquen, toquen que ya les defenderé".

 

Seguiremos su ejemplo, para que la gente sepa que cuando suenan nuestras sirenas, vamos a ayudar con las mismas ganas e ilusión que pusieron los bomberos que, como Ignacio, nos precedieron.

 

Y a Ignacio, le agradecemos enormemente el que haya querido compartir su historia, ya que también es parte de la nuestra.