¿ SABES LO QUE HACES ?

 

No hay más que mirar a derecha e izquierda para ver deportistas haciendo mal un ejercicio, razonando pautas incorrectas en su deporte (sin ellos saberlo) o planteando un entrenamiento que, ni es bueno para la puesta en forma a medio y largo plazo ni tampoco es bueno para su salud. Estas observaciones sorprenden cuando en un estudio CIS del Consejo Superior del Deporte de Noviembre de 1995, el 96% de los deportistas encuestados contestaron que “el deporte es fuente de salud y te permite mantenerte en forma”. 

Esta contradicción entre objetivo deseado y conducta errónea para conseguirlo me lleva a una reflexión:

¿Saben algunos deportistas lo que están haciendo cuando entrenan o practican su deporte? Supongo que no. Y esta opinión no es gratuita. 

 

Si nos fijamos, estas conductas erróneas se observan mayoritariamente en deportistas que no cuentan con un entrenador experimentado que les aconseje. Por tanto, sus conocimientos se deben a su propia experiencia, la experiencia de compañeros más veteranos y a lecturas de revistas especializadas. ¿Es suficiente? Claro que no. La práctica en sí misma no garantiza al deportista el aumento en el conocimiento del deporte. Solo aporta conocimientos (siempre subjetivos) de ese deportista en relación a su entrenamiento.

¿Es el deportista entonces el único culpable de estos errores? Desde luego, no. Son muchos los responsables:

 

ü       La política deportiva de este país que busca en el deporte sólo el rendimiento a corto plazo, omitiendo estructuras de trabajo y la educación adecuada para realizar deporte de forma saludable. Por extensión, la sociedad, en general, tiene la creencia errónea de que deporte es sinónimo de rendimiento. Si no rindes, es mejor que dejes de practicarlo. Cuantas veces hemos oído eso de “venga, corre más que puedes”. O también “ya no tienes edad para practicar deporte”. Y cosas por el estilo. Estando en el mismo rango, incluyo aquí a algunos padres, que sintiéndose expertos en el deporte, animan a sus hijos a dar todo su rendimiento en cada competición, sin tener en cuenta el grado de desarrollo biológico y psicológico en el que se encuentran sus hijos. Buen ejemplo de esto es el gran auge que tienen en la actualidad las escuelas de fútbol y tenis, entre otras. En una de ellas, en la del Real Madrid concretamente, un padre le preguntaba al entrenador: “¿Si mi hijo sigue así, que precio podría tener su ficha en profesionales? Su hijo tenía 7 años.

 

ü       Entrenadores y profesores poco formados (y no me refiero solo a titulación) que buscan conseguir el máximo rendimiento de sus deportistas, aunque estos no dispongan aún de la edad o las condiciones  recomendables para ello. Así, hay  deportistas que se destacan de forma especial en una edad temprana, pero luego se estancan, “se queman”, o arrastran lesiones que les impide la práctica deportiva.

 

ü       Los medios de comunicación y la publicidad conllevan, (por falta de matizaciones, falta de conocimientos, o por destacar rasgos fuera de lo común),  a prácticas poco recomendables para la salud, como destaca P.Angel López Miñarro Doctorado en Actividad Física y Salud.

 

Bien, volviendo a las ideas y conductas erróneas voy a subrayar algunas de las más comunes:

  

El deporte es fuente de salud.

Falso. Esto es cierto solamente cuando la salud es el objetivo de la práctica deportiva y se respetan todas las condiciones personales del practicante. De este modo el rendimiento de esta persona mejorará, pero como consecuencia  de una práctica, no como un objetivo a alcanzar. Cuando el objetivo de la práctica es el rendimiento o el máximo rendimiento, hemos que pensar que inevitablemente tendremos en un momento u otro a descuidar la salud. Esto, necesariamente es así. Deportistas que se retiran por sus reiteradas lesiones, atletas que compiten lesionados, cuerpos que se han de pulir en pos de la mejora del rendimiento a costa de la salud. Inevitablemente es así. 

 

Llegado a una edad hay que dejar el deporte.

Falso. Otra cosa es que de cara al rendimiento deportivo, cada etapa de la vida de una persona tenga unos objetivos lógicos (formación y desarrollo, rendimiento  y mantenimiento de la salud). Pero dejemos de pensar en el rendimiento. A cada edad conviene un tipo de ejercicio, una intensidad y unos cuidados específicos que alargarán la  vida y la dotarán de mayor calidad.

 

No beber durante el ejercicio hará más fuerte al organismo.

Totalmente falso He conocido deportistas que pensaban así, e incluso he conocido ¡entrenadores que prohibían la hidratación durante la sesión de entrenamiento!. La falta de agua en el organismo, la deshidratación, causa alteraciones significativas en el sistema cardiovascular, termorregulador, metabólico y endocrino. La deshidratación provoca que se presenten carencias de iones específicos como el sodio y el potasio, lo que conlleva a la aparición de calambres musculares. Además, la deshidratación hace caer el picado el rendimiento, hace aumentar peligrosamente la temperatura corporal (hipertermia) y se pierde capacidad para lubricar bien las articulaciones.

Lo correcto es beber de forma regular (cada 30 minutos) y no abundantemente.

 

Sudar mucho es bueno para adelgazar.

Falso. De esta creencia viene la conducta de colocarse fajas, plásticos u otras vestimentas para entrenar. O realizar largas saunas.  Tras una sesión de entrenamiento, o una sauna, bien sudada, se dan cuenta al pesarse que ha perdido 2, 3, y hasta 4 kilos. Si pero de agua, no de grasa. Y esta agua se debe recuperar lo antes posible para evitar la deshidratación mencionada en el punto anterior. A este respecto, el fisiólogo Fox, 1984, dice que “un déficit acuoso del 3% es motivo de preocupación cuando no se recupera en las siguientes 24-48 horas, y con mayor importancia en los obesos por su mayor predisposición a la enfermedad del calor”.

El procedimiento recomendable para perder peso graso es la combinación de ejercicio físico y dieta hipocalórica.

 

Para adelgazar, es lo mismo 1 hora de ejercicio suave que media hora de ejercicio fuerte.

Falso. Aunque las calorías que se pueden quemar sean similares, el combustible que se utiliza en el ejercicio va a depender de la intensidad y de la duración del mismo. Durante el ejercicio suave se quema grasa, mientras que durante el ejercicio intenso se quema glucógeno. Para adelgazar interesa realizar ejercicio suave durante un mínimo de 30- 45  minutos.

 

Cuanto más fuerte entrene antes alcanzaré mis objetivos.

Falso. Esta idea la tienen algunos deportistas que vuelven al entrenamiento tras un tiempo largo sin entrenar y aquellos que se obsesionan por su puesta en forma. Un entrenamiento muy intenso puede ser excesivo para un organismo que ha perdido su capacidad y que, por tanto, tiene que ir adaptándose de forma suave y progresiva a nuevos estímulos sin que se le fuerce. Forzarle, solo llevará a un riesgo mayor de lesión, a un sobreentrenamiento y a un estancamiento prematuro del rendimiento que no colmará las expectativas del practicante. Además a esto se suma, un principio básico del rendimiento: Lo que se obtiene con prisas dura poco y se pierde enseguida.

 

Cuanto más entrene más fuerte me pondré.

Falso. Hay deportistas que entrenan muchas horas y sin embargo su rendimiento relativo al número de horas que entrenan es bajo. Otros deportistas con menos horas de entrenamiento tienen el mismo o mayor rendimiento. Eso es así y tiene su explicación. El organismo necesita de una cantidad concreta de entrenamiento para adaptarse y mejorar. Una cantidad mayor de entrenamiento obliga a una adaptación más exigente y eso mantenido en el tiempo lleva a una fatiga en la  capacidad de adaptación o tal vez a un sobreentrenamiento. Podríamos decir que la cantidad de entrenamiento que se necesita es la mínima como para lograr la adaptación orgánica. Más supone derrochar energía. Es como comer: una mayor cantidad de comida no garantiza necesariamente una mejor alimentación. Entrenar con cabeza es entrenar calidad, lo que se necesita, no cantidad.